domingo, 10 de diciembre de 2017

EL DÍA VACÍO


EL DÍA VACÍO

Tenía ganas de pensar en piedras sobre macetas, imaginar que riego las plantas y a la vez las piedras van quedando oscuras y brillantes, como si tomaran agua.

Lograba sostener esa imagen y un pensamiento me sacaba con angustia.
Me levanté con esa sensación de buscar un lugar fresco para quedarme a descansar.

Me senté en el patio, admiré mi alrededor, ensoñé un par de minutos y el estómago me avisaba que aún me faltaba algo, sentía cierta angustia, sentí un par de apretones. Algo malo había hecho, con alguien no estoy en calma, algo debo, algo tengo pendiente, repasaba estas opciones para descubrir qué se me estaba olvidando, qué me tenía en alerta, qué no me dejaba descansar.

Me llegó la tarde encima con oscuridad y silencio de fondo, la idea seguía pendiente, terminé de comer y me fui a la cama.

Que pena sentía al imaginarme pensante y sin lograr disfrutar, pendiente de un pensamiento, tratando de dormir, arropado con almohadas, que de verdad entregaban compañía.


Me di cuenta que ese momento lo esperaba todo el día, recostarme y sentirme acompañado.

Y si una almohada me está entregando compañía, me di cuenta que no sólo olvidé algo hoy.

Seguramente llevo tiempo olvidando cosas.

Seguramente estoy empezando a sentir el vacío.



domingo, 26 de noviembre de 2017

LA LUZ DEL JARDÍN




Hablando de navidad.

La navidad pasada llegué del trabajo y no asistí a ninguna reunión familiar. Dejé las carpetas del trabajo encima del refrigerador, recordándome que el día siguiente era un día normal de trabajo, tenía que reunirme a finalizar un informe y debía llevar los documentos leídos. Pensaba levantarme un poco antes y darles una mirada bien concentrado, pero no me quedaría leyendo en plena navidad. Por lo tanto, tampoco quise pasar ese par de horas libres escuchando cotidianidades de abuelos y pastillas, adultos y anécdotas, cuando en esquinas y a lo lejos, familiares varios que no sabes quien es qué cosa de quién. 

Tranquilidad necesitaba y partió por sacarme el saco del trabajo. Estirarme con pantalones anchos y un ventilador al lado. Llenar una mesita con todo lo que necesitaba para llenarme unas 4 horas, hice zapping media hora, vi dos películas a la mitad y ya empezando la tercera comencé a dormir; recordando todo lo que comí y que alcanzaría a dormir unas buenas horas antes de irme a trabajar. 

Me levanté con algo de nostalgia por no saludar a nadie. Lo pensé hasta que llegué al trabajo. Se me olvidó un par de horas. En la tarde me llamó mi madre y me contó que estuvo tranquila la cena. Me contó que a la tarde quería pasar a verme con mi hermano. Todo parecía normal. Como si no recordara que por primer año no fui a la cena. Como si no lo hubiera notado. Como si lo raro fuera haber asistido. Como si hace años que estaba de sobra asistir. Como si venir a verme a la tarde fuera un refuerzo de que al fin entendí cómo es la cosa.

Me quedé trabajando hasta tarde y le dije que no podría ser hoy, que otro día, que hablaríamos pronto para coordinar. Porque era claro que estaban esperando que cancelara de forma cortés, así como la invitación invisible y cortés que estaba haciendo para volver a llamar.

Ahora había entendido por qué las visitas ya no me acomodaban, yo estaba fuera de contexto.
No hemos vuelto a vernos en  meses, pero cada semana manda algún mensaje por whatsapp con chistes o fotos de algún amanecer deseando buena semana, casi me creería que somos amigos y tenemos re buena comunicación. 

Me acordaba de todo esto porque se viene navidad de nuevo, ahora lo normal es que esté solo en casa, sin culpas. 

Llenaré la mesa, pagaré la cuenta de Netflix y llamaré al trabajo para avisar que no podré ir al día siguiente. Necesito estar conmigo y las luces de navidad que puse en el jardín.